Me encanta Queens, mi barrio. Nosotros vivimos en Jackson Heights, una zona multicultural donde convivimos personas procedentes de India, Sudamérica, Centroamérica, Europa y casi cualquier país que se te pueda venir a la cabeza. Podemos presumir de tener deliciosa comida y un mercado local cada domingo que trae productos frescos fabricados y/o recogidos en Nueva York. Durante el verano, hay conciertos en el parque. El tren va en modo expreso hasta Manhattan y me lleva directamente a mi trabajo en Chelsea, sin transbordos. Nuestro piso es mucho más grande que cualquiera de las opciones similares que puedas encontrar en Manhattan. Pero por encima de todo, Jackson Heights —y más específicamente mi calle— tiene uno de mis cafés favoritos de todo Nueva York: Espresso 77.

Un café con alma de barrio
Encontramos Espresso 77 el primer día que vinimos a tomar medidas del apartamento antes del obligatorio viaje a Ikea para comprar los muebles. Se trata de un pequeño café de barrio con mucho encanto que sirve delicioso café, así como desayunos y menús saludables para almorzar. Por la noche puedes pedirte una copa de vino o cerveza, y hasta tienen música en directo muchas veces. Sin embargo, lo que más me gusta de Espresso 77 es que saca a relucir lo mejor de nuestro barrio.
Siempre que estoy en el café, me recuerda que Queens es ese lugar al que felizmente puedo llamar hogar. Me recuerda que los neoyorquinos son amigables, que es posible bajar el ritmo y que la gente aquí es la caña. Un día, mientras mi marido y yo disfrutábamos de nuestro desayuno (¡recomendamos el croissant de jamón y queso!), una niña pequeña y sus padres entraron en el café. La niña se puso su disfraz de robot hecho con cartones y nos pidió diez céntimos para “encender la máquina”. Le dimos los diez céntimos y la máquina nos dio un retrato pintado a mano que, en honor a la verdad, estaba bastante logrado.

Otro día entablé una interesante conversación con un hombre que resultó haber sido profesor, y que se sorprendió al ver que la chica rubia de ojos azules que había a su lado era profesora de español. Los baristas son muy simpáticos y siempre están dispuestos a darte una recomendación si no estás seguro de qué pedir.

Un espacio para desconectar
Es el lugar perfecto para ir a leer un libro o a charlar con un amigo. De hecho, Espresso 77 tiene una estricta política para el uso de ordenadores: sólo se puede usar el portátil durante una hora, y los fines de semana está prohibido. Esto se hace por varias razones. La primera es que la cafetería no es muy grande y los asientos son limitados, por lo que no hay sitio para acampar con el portátil todo el día. Pero la razón más importante es que promueve el espíritu de socializar, estar con los amigos, soñar y disfrutar del momento con una buena taza de café.
Si estás buscando una cafetería con encanto, con deliciosos lattes, sabrosos tés y buena comida, ¡éste es el lugar! El ambiente es relajado, la gente es siempre amable y recuerda lo maravilloso que es Queens.

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