Restaurante Blue Hill Nueva York, 1 Estrella Michelín con productos de granja

El Restaurante Blue Hill está situado en el Greenwich Village y ofrece un menú cuyos productos son directos de la granja. Tiene 1 estrella michelín.

Creo que ya no es necesario confesarlo porque me conocéis de sobra, pero me encanta comer bien. Recorro la distancia que haga falta para encontrar un buen bocado y pago algo más por la experiencia. Y esta es la ciudad correcta para disfrutar de este placer. Son muchos restaurantes en Nueva York que nos ofrecen esta experiencia. Hoy me gustaría destacar por qué quedamos tan enamorados de Blue Hill, incluso habiéndolo descubierto antes de que consiguiera su primera estrella.

Uno de los placeres de haber vivido en Queens es sin duda la comida. Trabajando de profesora en Nueva York, tuve la oportunidad de ir a la granja de Stone Barns. Mi primer pensamiento fue “¡Tengo que probar este restaurante neoyorquino!” Así que cuando estábamos decidiendo dónde celebrar nuestro aniversario de bodas en Nueva York, planeamos con tiempo y reservamos mesa en Blue Hill, el restaurante sofisticado tipo “granja a la mesa” asociado con Stone Barns.  Como dijo Pedro acertadamente, “igual has conocido a la gallina que estás a punto de comer.” Y yo le respondí, “Me parece bien. Parecían pájaros muy felices.”

Comedor del Restaurante Blue Hill Nueva York

Blue Hill, una joya en el Village

Blue Hill se encuentra en la esquina del parque Washington Square (en el Village) en un semisótano que antes era un bar clandestino, a tres escalones por debajo del nivel de la calle. La entrada es a la vez exclusiva y neoyorquina. Es uno de esos sitios que sabes que es especial desde el primer minuto. Tomamos nuestros asientos y la camarera nos entregó la carta de los vinos. Elegimos un vino blanco Txakoline del País Vasco y echamos un vistazo a las comidas. Blue Hill ofrece un menu diario con platos de temporada y también una cena de cinco platos que se llama “Farmer’s Feast” (“banquete del granjero”). Elegimos del menu normal que ofrece tres opciones para cada uno de los tres platos.

Plato en el Restaurante Blue Hill Nueva York

Un menú de altura

Antes de que nos trajeran el primer plato, nos sirvieron una galleta salada hecha de verduras, mantequilla fresca y unas rebanadas gruesas de pan integral con dos guisantes dulces. Todo ello estaba presentado con elegancia en un plato negro de pizarra y medio cubiertos con un polvo salado que lucía un tono verde (aún más intenso que el de los guisantes mismos).

Luego vino el primer plato. Pedro había pedido las alubias, frambuesas y uvas espinas con guisantes y pipas en un caldo de cebolla y beicon. El plato venía en un bol de forma de óvalo que dejaron que todos los sabores se mezclaran. Estaba rico y sabroso con un toque crujiente de las frambuesas en contraste con las alubias suaves. El caldo de beicon y cebolla añadió el toque justo de salado para balancear los dulces y amargos de la fruta.

Yo pedí el de remolacha marinado con ciruelas y queso de la granja ahumado con acedera y verdolaga. Venía emplatado en forma de una flor; las ciruelas y el remolacha creaba un balance perfecto entre el dulce y el ácido en contraste con el sabor ahumado del queso. Cada bocado era ligero y lleno de sabor a pesar de que la base del plato tenía la salsa más pesada del queso.

Entrantes en el Restaurante Blue Hill Nueva York

El segundo plato llegó un rato después de los primeros, dejando tiempo para hablar y disfrutar del vino. Otro lujo del restaurante Blue Hill es la política estricta de no usar los móviles. Es un sitio donde la comida es protagonista. Para el segundo, Pedro pidió el cordero con habas, alubias, pistachos, y mostaza. El cordero estaba en su punto y las alubias complementaron la textura de la carne. Yo pedí el salmon con salsa de tomates verdes, pepino e hinojo.  El salmón estaba marcado dándole un sabor a la plancha, pero por entro estaba casi crudo, creando un contraste de temperatura y textura que se mezclaba con el tomate ácido y el pepino en una manera sublime. El primer bocado me hizo cerrar los ojos ya que instintivamente tenía que saborearlo sin distracciones. Este plato fue mi preferido de la noche.

Carne en el Restaurante Blue Hill Nueva York

Para el tercer plato los dos pedimos el pollo de Stone Barnes con puré de patatas y cerezas. El pollo estaba jugoso y las cerezas tenía un sabor semejante a una salsa de barbacoa más refinada. Las patatas eran ligeras con mucho aire.  Si tengo que criticar algo, sería que el emplatado era un poco menos elegante, pero el sabor estaba a la altura de los otros dos platos. El plato de Pedro también venía con un puré de guisantes mezclados con menta dando el plato un sabor fresco e inesperado.

De postre, Pedro pidió la chocolatina con helado de avellanas. Venía con pequeñas bolas de galleta crujiente que nos recordó al famoso Crunch de Nestle, y el helado de avellana estaba puesto encima de la chocolatina con dos galletas de chocolate en forma de aguja.  La presentación era muy sofisticada, pero el sabor nos trasladó a nuestro niñez y los caprichos del verano.

Yo pedí las fresas con salsa de yogur y crema y un bizcocho de sabor e almendras. El puré de fresas estaba servido encima de un helado de yogur y encima descansaba un trozo rectangular de bizcocho de almendra que se separaba con lo jugoso que estaba. Si el postre de Pedro nos recordó a una versión del Crunch, mi postre me recordó a la versión para adultos del bizcocho con fresas y nata “strawberry short cake.”

Brownie de chocolate en el Restaurante Blue Hill Nueva York

Deseando volver

Con ese plato se acabó nuestra noche en Blue Hill. Me veo obligada a mencionar que Blue Hill es, sin duda, un restaurante para una ocasión muy especial y el precio refleja el cuidado que toman con cada plato.  La camarera nos informó que los ingredientes vienen todos de la zona de Nueva York, New Jersey y Pennsylvania.

Nuestra experiencia fue inmejorable y recomiendo este sitio para una noche inolvidable en el corazón de Greenwich Village. La calidad de la comida, el buen servicio y la experiencia global merecen un sobresaliente, aunque queremos enfatizar que entendemos que el precio puede estar fuera del alcance de algunos comparándolo con otros sitios que hemos recomendado en le blog. En todo caso, Blue Hill vale el precio, sin dudarlo.

Información sobre El Restaurante Blue Hill

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Abby Roule
Apasionada de Nueva York y la escritura. Más de 6 años en la Gran Manzana y todavía sigo descubriendo nuevos rincones.
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